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LA PIEDRA

  Érase una vez un niño que tenía un cabreo tremendo. Estaba enfadadísimo y no paraba de darle vueltas a lo que le acababa de suceder. Y cuantas más vueltas le daba al asunto, más se cabreaba. ¡Menudo berrinche! Poseído totalmente por la rabia empezó a darle patadas a una piedra que encontró casualmente por el suelo y, patada a patada, sin darse ni cuenta, fue poco a poco alejándose de su pueblo. Pasó media hora y el niño continuaba caminando, dándole patadas a la piedra, ensimismado. Pasó otra media hora y el niño seguía con la cabeza agachada, andando concentrado tras los pasos de la piedra. Pasó otra media hora y, desorientado, por fin levantó la cabeza. Aunque había seguido todo el tiempo el mismo camino que atravesaba los campos, el niño se dio cuenta de que estaba completamente perdido. Nunca había llegado tan lejos en sus aventuras exploradoras. Y entonces lo vio. Vio que estaba en una vieja cantera abandonada y contempló abrumado montones y montones de polvo...

EL GENIO DE LAS COSQUILLAS

  Érase una vez una niña que estaba muy triste. Las cosas en el cole no habían ido nada bien ese día y, una tras otra, se habían sucedido un sinfín de calamidades: Durante el recreo se había mojado los pies con un charco mientras jugaba; después Luis, el niño más travieso de su clase, le había tirado del pelo; más tarde se había equivocado cuando le había tocado leer en clase de lengua y todos sus compañeros se habían reído de ella… La jornada había sido una auténtica pesadilla y estaba deseando llegar a casa para poder poner fin a tantas desgracias. Ya en la tranquilidad de su hogar, y cuando pensaba que nada podría empeorar aún más su catastrófico día, se encontró, de repente, sentada a la mesa junto a un enorme y humeante plato de lentejas, ¡la comida que más odiaba en el mundo! Y tras las lentejas, todavía le quedaba por hacer una montaña de deberes de mates. Y estudiar para un examen dificilísimo de inglés. Y a las 19:30 tenía que ir a una aburrida clase de teoría de l...

EL ALGARROBO

  A mi maestro y amigo Antonio Serrano Érase una vez un niño que una tarde, tras las clases del colegio, llegó a casa con un monumental cabreo. Con un monumental cabreo y con un árbol muy pequeñito entre las manos. El viejo maestro, para celebrar el Día del Árbol, había entregado a cada niño de su clase un arbolito para que lo plantaran en una maceta cuando llegaran a sus hogares y cuidasen de él. De esta manera, los alumnos aprenderían, a través de la responsabilidad y de la experiencia, la importancia de cuidar de la naturaleza contribuyendo así a la mejora del medioambiente. El niño, sin embargo, estaba muy cabreado. No entendía por qué el maestro le había dado, justo a él, el árbol más pequeño de todos y el único que era diferente a los demás. “Siempre me porto bien y saco muy buenas notas. ¿Por qué me habrá castigado el maestro entregándome el árbol más raquítico de todos los que tenía?” pensaba enojado el niño. El pequeño no olvidaba cómo todos sus compañeros se h...

LA PROFESORA DE MATEMÁTICAS

  La nueva profesora de matemáticas caminaba decidida por el pasillo del instituto. Se dirigía a su primera clase del curso y, aunque ya tenía una amplia experiencia docente, no podía evitar sentir un cierto nerviosismo que a duras penas conseguía disimular. Todos los años le pasaba lo mismo: la noche anterior al inicio del curso escolar siempre le costaba dormir y no podía pegar ni ojo. Ataviada con uno de sus mejores conjuntos y con un par de cafés en el cuerpo avanzaba hacia su aula recordando mentalmente los consejos que su viejo maestro del colegio le dio cuando supo que su antigua alumna había aprobado la oposición: “Jamás dejes que noten que tienes dudas, los alumnos huelen el miedo y ya no te respetarán en todo el año” o aquel otro que decía “Comienza siempre fuerte, infundiendo respeto en tu alumnado. No seas nunca amiga de tus alumnos… Ya tendrás tiempo de levantar un poco el pie del acelerador a final de curso”. La joven profesora de matemáticas empezaba a pensar q...

EL COMPADRE

  El campesino regresaba extenuado a casa. La jornada había sido especialmente dura bajo un sol abrasador y estaba deseando disfrutar de un más que merecido descanso. Cuando llegó a su casa vio que bajo la morera estaba aparcado un coche lujoso que no reconoció, y junto al vehículo se encontraba un señor que, vestido muy elegantemente, le esperaba con los brazos abiertos. -           ¡Compadre, cuánto tiempo sin vernos! He estado muchos años lejos de los campos pero ahora he decidido regresar para cultivar las tierras de mi familia. El compadre recién llegado le contó al campesino que tras la universidad había decidido quedarse en la ciudad y había fundado una importante empresa con la que había ganado muchísimo dinero y que después, tras varios reveses de la fortuna, lo había perdido todo y había pensado regresar al campo, buscando una segunda oportunidad. El campesino escuchó atentamente la historia de su amigo de la infancia y...

EL PIANISTA

  El pianista, lentamente, se dirigía hacia su instrumento. Con seriedad religiosa levantó la tapa del teclado y ajustó la banqueta. Su estudiado ritual continuaba siempre con la puesta en funcionamiento del metrónomo. Hoy no hubo suerte y no consiguió tocar ni una sola vez la pieza completa con la perfección técnica que su exigente oído de músico profesional demandaba. “Mañana será otro día”, pensó, y abatido se retiró a descansar. El segundo día, el pianista repitió con exactitud matemática su habitual ceremonia. Levantó lentamente la tapa del teclado y posicionó a la altura precisa su banqueta. Un milímetro más arriba o más abajo podrían marcar la diferencia y, aunque pudiera parecer una tontería, ese pequeño matiz podía hacer que el músico se sintiera incómodo y así nunca podría obtener el máximo de su potencial. Dio cuerda a su metrónomo y comenzó a practicar. Nada que hacer. Alguna de las ejecuciones rozaron la calidad que el pianista se autoimponía pero todavía seguí...

EL COCHE DE CARRERAS

A mi fiel amigo S-2 Érase una vez un viejo coche de carreras al que le gustaba circular despacio. El viejo bólido era la muestra perfecta de una época en la que los coches se hacían especialmente bien y representaba, como ningún otro, el valor de la tradición. El sonido de su motor continuaba siendo inimitable y su diseño era el más admirado entre los aficionados a las carreras. Sin embargo, el paso del tiempo se hacía notar y el viejo coche de carreras, aunque conservaba intacto todo su glamour vintage, había sido superado ampliamente por los nuevos modelos, mucho más veloces. Dentro de su propia escudería había quienes pensaban que el momento de cambiar al viejo coche de carreras por un modelo más rápido y moderno había ya llegado y de hecho, habían efectuado numerosas pruebas con otros bólidos más jóvenes, pero ninguno había convencido completamente al exigente staff técnico. El viejo coche de carreras seguía siendo imbatible en fiabilidad y ofrecía una calidad técnica superio...

LA LAVADORA CON-CIENCIA

  Érase una vez un gran científico que gracias a la brillantez de su inteligencia y a su enorme espíritu de sacrificio consiguió desarrollar un prototipo de lavadora de conciencias. El planteamiento era, en principio, sencillo. El ingenioso artefacto debía de ser capaz de limpiar en los pacientes, como si de una lavadora común se tratase, cualquier atisbo de escrúpulo que impidiese un normal funcionamiento de la actividad humana. Una vez resueltos los complejos cálculos y superados los primeros ensayos en laboratorio, el científico comenzó con las pruebas con pacientes reales. La primera persona que se sometió a la lavadora de conciencias fue un famoso futbolista que en fechas recientes había cambiado su equipo de toda la vida por la escuadra rival y acérrima enemiga. El futbolista presentaba claros síntomas de abatimiento y, en el fondo de su corazón, sentía que estaba traicionando a su afición y a sus más íntimos amigos, todos ellos forofos de su anterior equipo. Cuando t...

LA HIGUERA Y EL REY

  A Gianni Rodari, il maestro. Érase una vez hace mucho, mucho tiempo una higuera que era conocida por la calidad insuperable de sus frutos. Los higos que producía esta higuera eran, con mucha diferencia, los más dulces que se podían degustar en todo el reino y muchas eran las personas que viajaban a propósito para poder saborearlos. La cosecha anual, como no podía ser de otra manera, no era especialmente grande pero la calidad de los higos compensaba sobradamente la incomodidad del viaje hasta uno de los rincones más angostos y alejados de la capital del reino. Cuentan que una vez uno de los cortesanos del rey, ávido de poder, regaló a su monarca una caja de los famosos higos con la intención de ganarse la gracia real y así poder prosperar en la jerarquía de palacio. El rey quedó maravillado con la dulzura de los higos y de una sentada se comió toda la caja de aquellos celestiales frutos. Tal fue la impresión que los higos causaron en el rey que éste decidió viajar inmediatame...

EL TITIRITERO

  Hace muchos, muchos años vivía en San Gimignano un modesto constructor de marionetas. Su taller se encontraba en una de las casas más humildes del pequeño pueblo y estaba rodeado por dos de las familias más potentes de la región. A su izquierda estaba la mansión de una gran familia de prósperos mercaderes de azafrán y a su derecha se ubicaba el enorme palacio de una noble familia local que gracias a inteligentes alianzas políticas había alcanzado una posición de gran prestigio social y económico. Cuentan que un día el rico mercader de azafrán se acercó al taller del constructor de marionetas y con gran arrogancia le dijo: -           Quería ofrecerte un gran negocio, vecino. El comercio del azafrán va cada vez mejor y estoy ganando muchísimo dinero. No me voy a andar con rodeos: Quisiera ampliar mi mansión y para ello necesito comprar tu taller. A cambio te ofrezco una generosa suma de dinero y un puesto de trabajo en una de las ...

EL VIEJO ALMENDRO

  Dicen que a veces es bueno guiarse por el propio instinto y no dejarse seducir por las decisiones que a priori parecen más prácticas e incluso más recomendables. El campesino sabía que el viejo almendro ya no daría más frutos, que hacía muchos años que era incapaz de producir almendras y pensaba, no sin cierta amargura, que lo más sensato sería talarlo y aprovechar la tierra para sembrar una cosecha mucho más rentable. Por no hablar del dinero que ganaría vendiendo la leña del enorme almendro centenario. Dicen que ya estaba afilando su hacha cuando empezó a llorar de manera inesperada. Que repentinamente se acordó de su padre mientras recogía las almendras a finales del verano, cuando todavía hacía calor, con un sombrero de paja en la cabeza y que recordó también a su abuelo que le contaba cómo el almendro ya estaba allí cuando él había nacido, más de ochenta años atrás. Dicen que también se acordó, con una gran sonrisa dibujada en los labios, de aquel día en el que siendo ...

EL VELOCISTA

                                          A mi "sosio", que es más rápido que el viento. El corredor de los 100 metros lisos empezó a atarse ceremoniosamente los cordones de sus zapatillas. Concentrado, realizó su habitual ritual de calentamiento previo a la carrera: un par de saltos rápidos seguidos de un pequeño sprint. Todo ello acompañado de unos golpes con las manos en las partes externas de los muslos, para calentarlos. Unos movimientos circulares con el cuello y estaría completamente preparado para la competición. En las gradas del estadio olímpico reinaba un gran algarabío mezclado con unas enormes dosis de tensión. Los gritos de los aficionados se entremezclaban entre ellos produciendo un incomprensible mensaje de ánimo dirigido a los velocistas. La final olímpica de los 100 metros estaba a punto de empezar. Con el semblante muy serio, el atleta colocó sus pies y sus...

EL DESEO

Érase una vez un grupo de niños que charlaban animadamente a la salida del colegio. Mientras se dirigían hacia sus casas uno de ellos propuso el siguiente juego: -           ¿Si tuvierais la posibilidad de pedir un deseo, por imposible que pareciera, cuál sería? “El niño-aspirante a adolescente” fue el primero en pronunciarse: -           Yo pediría un móvil de última generación. El más potente y por supuesto el más caro – Y citó el modelo de teléfono que deseaba: Una sucesión de letras y cifras incomprensibles al resto de la humanidad – Con ese móvil me pasaría el día grabándome y haciendo vídeos chulos que subiría a internet. Miraría series sin parar hasta muy tarde y os mandaría mensajes todo el tiempo… -           Yo sin embargo, si tuviera la oportunidad, desearía una cantidad de dinero infinita – interrumpió “el niño-avaro”- Con el dinero...

ÉRASE UNA VEZ...

Érase una vez un niño que, entretenido con su guitarra de juguete, soñaba con ser músico de mayor. Con su instrumento, pensaba, proporcionaría alegría a los demás. Érase otra vez una niña que, jugando con su pizarra y sus muñecos, soñaba con convertirse en maestra. Una maestra paciente y cariñosa con sus alumnos, como deben de ser las maestras. Y los maestros. Érase otra vez otro niño que, entretenido con su cocinita y sus ollas de juguete, soñaba con llegar a ser un gran cocinero cuando fuera mayor. Un cocinero de esos famosos que salían en la tele y poseían estrellas Michelin o quizás un cocinero especialista en spaghetti alla salsa bolognese de lata. Todavía no lo tenía decidido. Érase otra vez otra niña que cuando leía sus libros soñaba con convertirse de mayor en una gran exploradora o una maga poderosa o una bailarina de gran talento, dependiendo del libro y del humor del día. Érase otra vez otro niño que jugaba ensimismado con pistolas de juguete. Y no soñaba con ser mús...

EL TELEVISOR INTELIGENTE

Érase una vez una mujer que, aprovechando las rebajas, decidió hacer a su familia un gran regalo: un deslumbrante televisor inteligente de última generación. El encargado de la tienda le había confirmado que era una elección magistral. “Señora, se trata sin duda alguna de un gran acierto. La televisión del futuro, ahora en su hogar”. La mujer pensó que su familia se lo merecía. Una televisión que aunaba las características de la tele convencional con la integración de internet y acceso a plataformas digitales y contenidos exclusivos… ¡Y todo a un precio de risa! ¡Por supuesto que su familia se lo merecía! La señora, contentísima con su adquisición, se marchó a casa. A los pocos días regresó a la tienda. Quería hablar inmediatamente con el encargado. -           La televisión inteligente que me vendió no funciona bien – dijo sin preámbulos y muy enfadada al dependiente. -           Vaya,...

LOS ESCUCHADORES

Marta es una escuchadora. Los escuchadores son una rara subespecie humana en evidente peligro de extinción. Los escuchadores basan su existencia en su capacidad para escuchar, no necesariamente en su capacidad de entender lo que están escuchando. Aun así, casi siempre escuchan con relativo interés, proporcionando alivio instantáneo en las personas que desahogan sus problemas en ellos. Los escuchadores, por un defecto empático o por un exceso de empatía mal equilibrada, sufren como propias las desgracias de los demás y a menudo podemos sorprenderlos llorando por cuestiones que les han sido recientemente confesadas. Por lo visto interiorizan dramáticamente los problemas de los demás… ¡Qué cosas! Sin duda es un defecto de sensibilidad. De exceso de sensibilidad, vaya. El mundo es cruel con los bondadosos escuchadores. En una despiadada paradoja vital, los escuchadores escuchan, pero rara vez son escuchados y a fuerza de cargar con las angustias de los demás, los escuchadores dif...

VOLAR

A mi hija, que me hace volar.   Érase una vez una niña que sonreía feliz. El compartimento del tren que ocupaba junto a sus amigos atravesaba a gran velocidad la oscuridad de la noche y a lo lejos ya se vislumbraban las luces del castillo mágico.  Entre bromas y juegos el viaje había pasado volando y, nerviosa, se afanaba por colocarse debidamente su capa negra. “Es muy importante causar buena impresión. No todos los días se comienza el curso en un nuevo colegio” pensaba Inés mientras cogía su pesada maleta y se preparaba para descender en la estación. -          ¡Inés, a cenar! – interrumpió su padre, desvaneciendo la magia en un segundo.  "Siempre tan oportuno" pensó la niña.  - Sólo un poquito más… ¡Estoy a punto de llegar al castillo! – respondió enojada Inés. -          La comida se enfría… Puedes seguir en cuanto termines de cenar – intervino co...

VIAJANDO AL FUTURO

Una vez, el viajero del tiempo aterrizó en una ciudad del futuro controlada por ordenadores. Los ordenadores y los robots habían ocupado progresivamente el lugar de las personas y gobernaban todos los aspectos de la vida cotidiana. Asombrado, el viajero del tiempo contempló cómo los robots preparaban sin descanso comidas bajas en grasas y ricas en nutrientes que prevenían enfermedades y eran embolsadas en unidades individuales. Y cómo se ocupaban también de las tareas domésticas menos apreciadas por los humanos. Los ordenadores decidían lo que las personas veían en la televisión basándose en algoritmos que analizaban elecciones anteriores de los usuarios y se ocupaban también de controlar los viajes de los humanos a los lugares de trabajo, sin riesgo de accidentes ni excesos de velocidad. En el colegio del futuro todos los niños utilizaban ordenadores con normalidad, y si un niño o una niña un día no se encontraban bien podían permanecer tranquilamente en casa sin perder la lecci...

LA BICICLETA

A María y Antonio, por su Primera Comunión Érase una vez un niño y una niña que jugaban entretenidamente en el patio de la casa de sus abuelos. Era la época más hermosa del año: El verano acababa de empezar y tenían por delante todo el tiempo del mundo para divertirse sin preocupaciones. Jugando a los aventureros, los niños se introdujeron en el viejo almacén donde el abuelo guardaba los cachivaches viejos. Una vez que sus pequeños ojos se acostumbraron a la oscuridad del lugar encontraron, arrumbada en un rincón, una antigua bicicleta. La bicicleta, todo hay que decirlo, había vivido tiempos mejores, y aunque estaba un poco oxidada y con las ruedas a medio hinchar, los niños decidieron que esa tarde iban a montar en bici. -           ¡Yo primero, yo primero! – exclamó feliz el niño. – Sólo un par de vueltas al patio y te dejo probar a ti… El niño, sin dar tiempo a responder a su prima, cogió la bicicleta y ceremoniosamente se subió e...