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Mostrando entradas de agosto, 2026

FILIBERTO FARFALLINO

  El profesor Filiberto Farfallino, famoso estudioso de las mariposas, llevaba cincuenta y siete años persiguiendo un ejemplar muy especial. No era una mariposa cualquiera, por supuesto. Se trataba de una especie tan rara tan rara, que la mayoría de científicos aseguraban que ni siquiera existía, aunque Filiberto Farfallino estaba convencido de su existencia. Por eso estaba dedicando toda su vida a demostrarlo. El profesor Farfallino había estudiado mariposas en todos los lugares imaginables. Había dormido en selvas. Había dormido en montañas. Había dormido incluso dentro del cráter de un volcán. Cosa nada recomendable por otra parte... Tenía lupas, redes, frascos, cuadernos, mapas, brújulas, prismáticos y una colección de sombreros para distintas clases de mariposas. Pero la mariposa Papilio Rarissimus de color azul se le escapaba siempre. Una vez llegó solo cinco minutos tarde. Y otra vez llegó cinco minutos demasiado pronto. Y en otra ocasión, cuando llegó, encontró ...

BENITO PUGNONE

  Benito Pugnone era un niño con un gran corazón, pero con un enorme problema para controlar la ira. Cuando algo no iba como a él le hubiera gustado, se enfadaba muchísimo y "arreglaba" todo a base de puñetazos. Por ejemplo, si se le acababan las pilas al mando de la tele, ¡PUM!, soltaba un puñetazo. —¡No funciona! —gritaba  Benito— ¡Pues habrá que darle otro buen golpe! Si una puerta no se abría, ¡PUM! ¡PUM! intentaba que funcionara a base de puñetazos. Y si perdía un partido jugando al fútbol, si se le rompía un juguete, si alguien le llevaba la contra... Benito, cegado por la rabia, apretaba los dientes y bramaba:  —¡Con un puñetazo todo se arregla! —¡Con dos, mucho mejor! De tal manera que el resto de niños, para burlarse de él, empezaron a cantarle: "Benito Pugnone, se enfada un montonazo, si algo no le gusta, ¡PUM!, puñetazo". Lógicamente cuando terminaban de cantarle la canción tenían que salir despavoridos porque si Benito los hubiera atrapado, ya sabéis: ¡P...

EL JOVEN MAESTRO

  El siguiente relato sucedió hace algunos años y está basado en una historia real... Bueno, más o menos real. Ya sabéis que a veces me gusta adornar un poco los recuerdos. "Era el primer día de clase y, como buen maestro que se precie, cogí el listado de mis nuevos alumnos para pasar lista y, al mismo tiempo, conocerlos un poco. Pregunté en voz alta: - ¿Francisco? - Aquí... - respondió mi alumno, levantando la mano y con voz bastante menos alta. - ¿Prefieres Fran? ¿Paco? ¿O tal vez te gusta más Francisco? - Mis amigos me llaman Paco... - Entonces Paco, ¿no?  - Sí... - respondió tímido mi alumno. - Espero que algún día podamos llegar a ser amigos, Paco... - le contesté sonriendo." Marcelo Morante 14/VIII/2026

LA GOLONDRINA

  Todos los años, con la llegada del buen tiempo, anida una golondrina en el balcón de mi casa. Siempre la misma golondrina que, fiel al balcón y a su nido, acude puntual todas las primaveras. Y todos los otoños, con la llegada del frío, emprende, sin despedirse, la marcha hacia una tierra más cálida y acogedora. La golondrina actúa guiada por su instinto y, como si llevara incorporada una brújula en su interior, sabe qué camino y qué ruta debe seguir en todo momento.  Siempre la misma ruta. Hacia delante y hacia atrás. Viaje de ida y viaje de vuelta. Sin improvisaciones y, sin importarle los obstáculos y las dificultades, la golondrina siempre consigue encontrar el camino correcto. Hasta que un día de verano, recién estrenadas las vacaciones del colegio, el pájaro, desde lo alto del tejado, vio cómo Inés Temperina jugaba entretenidamente con un pompero en el patio de casa. La curiosa golondrina, asistía embelesada al maravilloso espectáculo, atraída sin duda, por los hermosos...