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Mostrando las entradas etiquetadas como Navidad

EL NIÑO JESÚS DE NÁPOLES

Todavía no eran las 8:00 de la mañana del 24 de diciembre cuando en la parroquia del barrio saltó la voz de alarma. La señora Paquita, una jubilada encargada de la limpieza de la iglesia y de la casa del cura, solía llegar con unos minutos de anticipo al trabajo para poder rezar en silencio sus plegarias a la Virgen y contemplar, en aquellos días navideños, el hermoso Belén barroco recién instalado en la nave lateral del templo. El Belén, todo hay que decirlo, sólo tenía de barroco la figura del Niño Jesús, obra de un maestro napolitano del siglo XVIII que, por casualidades y avatares de la vida, había venido a parar a aquella humilde parroquia de la periferia. Ramón el quiosquero y Luis, el propietario del bar de enfrente, fueron los primeros en acudir, asustados por los gritos desesperados de la señora Paquita que, con la escoba en las manos y entre lágrimas, chillaba angustiada: - "¡El Niño Jesús! ¡Han robado el Niño Jesús! Lo más bonito que teníamos y se lo han llevado......

SOFÍA Y PAPÁ NOEL

  Una mañana, Papá Noel se levantó como siempre muy temprano y, asombrado, encontró justo delante de la puerta de su casa en el Polo Norte un hermoso cactus plantado en mitad de la nieve. Al acercarse al cactus, se dio cuenta de que alguien había dejado una carta para él.                              ¿Queréis saber lo que decía la carta? ¿Sí? Pues os lo cuento. Escrita con una preciosa caligrafía y con sólo alguna pequeña falta de ortografía, la carta decía: "Querido Papá Noel: Mi nombre es Sofía, tengo cinco años y casi siempre me porto muy bien. Todos los días me propongo hacer realidad las cosas difíciles: hacer reír al que llora, jugar con el que está solo y hacer felices a los demás mientras bailo. Incluso he conseguido que crezca un cactus en el Polo Norte. Y no ha sido fácil. Quiero sólo una cosa para esta Navidad: Me gustaría que me ayudases a conseguir la paz en el mundo, porque yo sola no puedo, ¡y...

INÉS TEMPERINA Y EL CALENDARIO DE ADVIENTO

  Todas las noches, antes de cerrar los ojos, Inés Temperina hacía un repaso mental de todo lo que había sucedido durante ese día que ya acababa. Inés Temperina se esforzaba mucho por cumplir, al menos, una buena acción al día. Sólo así era capaz de conciliar el sueño y cuando se despertaba a la mañana siguiente, lo primero que hacía era devorar ávidamente su premio. Un día, por ejemplo, había ayudado a llevar la compra a una mujer mayor que vivía muy cerca de su casa. Y a la mañana siguiente recibió su premio. Otro día, había ayudado a su compañero de clase Rodolfo Buonsenso con los deberes de lengua castellana. Y a la mañana siguiente le esperaba su merecido premio. Otro día, había preparado la cena para su familia.  Y en otra ocasión había compuesto una canción para celebrar el cumpleaños de su amiga Marta Più. Y todas las mañanas recibió la pequeña Inés Temperina su premio. Un premio modesto, eso sí. Pero merecido: Un trozo de chocolate que a la niña le sabía a las mil mar...