El otro día soñé que por unos instantes maravillosos volvía a ser un niño. Soñé también que a la salida del colegio habían instalado un puesto de mercadillo muy extraño en el que se anunciaba con grandes letras multicolores "CHARCOS GRATIS PARA TODAS LAS EDADES". Y el mercader de charcos, que también vestía de una manera un poco extraña, anunciaba a viva voz su producto gritando, más o menos, así: "¡Los mejores charcos de agua recién llovida!" "¡Horas y horas de diversión garantizada por el módico precio de cero pesetas!" "¿Cuántos charcos quiere que le ponga, señora? Mire que no durarán todo el día..." Es difícil recordar todos los detalles de los sueños cuando ya estás definitivamente despierto, sin embargo recuerdo de manera clara que en el sueño, y ante mi asombro, nadie parecía hacer caso al extravagante vendedor. Los niños y sus madres, con una mueca de disgusto en la boca, se apartaban del extraño comerciante pensando que probablemente...