Benito Pugnone era un niño con un gran corazón, pero con un enorme problema para controlar la ira. Cuando algo no iba como a él le hubiera gustado, se enfadaba muchísimo y "arreglaba" todo a base de puñetazos. Por ejemplo, si se le acababan las pilas al mando de la tele, ¡PUM!, soltaba un puñetazo. —¡No funciona! —gritaba Benito— ¡Pues habrá que darle otro buen golpe! Si una puerta no se abría, ¡PUM! ¡PUM! intentaba que funcionara a base de puñetazos. Y si perdía un partido jugando al fútbol, si se le rompía un juguete, si alguien le llevaba la contra... Benito, cegado por la rabia, apretaba los dientes y bramaba: —¡Con un puñetazo todo se arregla! —¡Con dos, mucho mejor! De tal manera que el resto de niños, para burlarse de él, empezaron a cantarle: "Benito Pugnone, se enfada un montonazo, si algo no le gusta, ¡PUM!, puñetazo". Lógicamente cuando terminaban de cantarle la canción tenían que salir despavoridos porque si Benito los hubiera atrapado, ya sabéis: ¡P...