El siguiente relato sucedió hace algunos años y está basado en una historia real... Bueno, más o menos real. Ya sabéis que, a veces, me gusta adornar un poco los recuerdos. "Era el primer día de clase y, como buen maestro que se precie, cogí el listado de mis nuevos alumnos para pasar lista y, al mismo tiempo, conocerlos un poco. Pregunté en voz alta: - ¿Francisco? - Aquí... - respondió mi alumno, levantando la mano y con voz bastante menos alta. - ¿Prefieres Fran? ¿Paco? ¿O tal vez te gusta más Francisco? - Mis amigos me llaman Paco... - Entonces Paco, ¿no? - Sí... - respondió tímido mi alumno. - Espero que algún día podamos llegar a ser amigos, Paco... - le contesté sonriendo." Marcelo Morante 14/VIII/2026
Todos los años, con la llegada del buen tiempo, anida una golondrina en el balcón de mi casa. Siempre la misma golondrina que, fiel al balcón y a su nido, acude puntual todas las primaveras. Y todos los otoños, con la llegada del frío, emprende, sin despedirse, la marcha hacia una tierra más cálida y acogedora. La golondrina actúa guiada por su instinto y, como si llevara incorporada una brújula en su interior, sabe qué camino y qué ruta debe seguir en todo momento. Siempre la misma ruta. Hacia delante y hacia atrás. Viaje de ida y viaje de vuelta. Sin improvisaciones y, sin importarle los obstáculos y las dificultades, la golondrina siempre consigue encontrar el camino correcto. Hasta que un día de verano, recién estrenadas las vacaciones del colegio, el pájaro, desde lo alto del tejado, vio cómo Inés Temperina jugaba entretenidamente con un pompero en el patio de casa. La curiosa golondrina, asistía embelesada al maravilloso espectáculo, atraída sin duda, por los hermosos...