El profesor Filiberto Farfallino, famoso estudioso de las mariposas, llevaba cincuenta y siete años persiguiendo un ejemplar muy especial. No era una mariposa cualquiera, por supuesto. Se trataba de una especie tan rara tan rara, que la mayoría de científicos aseguraban que ni siquiera existía, aunque Filiberto Farfallino estaba convencido de su existencia. Por eso estaba dedicando toda su vida a demostrarlo. El profesor Farfallino había estudiado mariposas en todos los lugares imaginables. Había dormido en selvas. Había dormido en montañas. Había dormido incluso dentro del cráter de un volcán. Cosa nada recomendable por otra parte... Tenía lupas, redes, frascos, cuadernos, mapas, brújulas, prismáticos y una colección de sombreros para distintas clases de mariposas. Pero la mariposa Papilio Rarissimus de color azul se le escapaba siempre. Una vez llegó solo cinco minutos tarde. Y otra vez llegó cinco minutos demasiado pronto. Y en otra ocasión, cuando llegó, encontró ...
Benito Pugnone era un niño con un gran corazón, pero con un enorme problema para controlar la ira. Cuando algo no iba como a él le hubiera gustado, se enfadaba muchísimo y "arreglaba" todo a base de puñetazos. Por ejemplo, si se le acababan las pilas al mando de la tele, ¡PUM!, soltaba un puñetazo. —¡No funciona! —gritaba Benito— ¡Pues habrá que darle otro buen golpe! Si una puerta no se abría, ¡PUM! ¡PUM! intentaba que funcionara a base de puñetazos. Y si perdía un partido jugando al fútbol, si se le rompía un juguete, si alguien le llevaba la contra... Benito, cegado por la rabia, apretaba los dientes y bramaba: —¡Con un puñetazo todo se arregla! —¡Con dos, mucho mejor! De tal manera que el resto de niños, para burlarse de él, empezaron a cantarle: "Benito Pugnone, se enfada un montonazo, si algo no le gusta, ¡PUM!, puñetazo". Lógicamente cuando terminaban de cantarle la canción tenían que salir despavoridos porque si Benito los hubiera atrapado, ya sabéis: ¡P...