Inés Temperina era muy despistada. Tan despistada tan despistada que una vez salió de casa con tanta prisa que cuando llegó al colegio se dio cuenta de que no se había puesto las zapatillas. ¡Y había hecho todo el camino en calcetines! Inés Temperina era tan tan despistada que otra vez olvidó ponerse la camiseta... ¡Menos mal que era verano! En otra ocasión había quedado con su amiga Gemma Farfallina a las 5 e Inés Temperina se presentó tan contenta a las 6 y media... Y cuando, por caprichos del azar, conseguía recordar la hora en la que habían quedado, entonces olvidaba el lugar de la cita y se presentaba en la puerta de la iglesia cuando en realidad habían quedado en el parque... ¡Menos que la iglesia y el parque estaban muy cerca! Y así un día tras otro a Inés se le olvidaban mil cosas: un día olvidaba que tenía examen de Inglés, otro día olvidaba adelantar la hora de su reloj y todavía llegaba una hora más tarde o hacía los deberes de Matemáticas cuando en realida...
En el Reino de las Moscas había una vez un rey muy gruñón que, de la noche a la mañana y sin contar con nadie, quiso organizar una revolución. El Rey de las Moscas, cansado de comer solamente desperdicios y de revolotear sobre comida en mal estado, promulgó un montón de leyes que decían, entre otras cosas: "El Reino de las Moscas es solo para moscas" "Si no eres una mosca no eres bienvenido" "Las moscas primero" Así que, las pobres mariposas, las abejas, los gusanos y todos los seres que no eran moscas, apenados y con lágrimas en los ojos, tuvieron que marcharse de sus hogares... - "¡Qué pena!" - "¡Qué tristeza!" En muy poco tiempo, el Reino de las Moscas se convirtió en un lugar horrible donde escaseaba la comida y que, además, olía fatal y estaba lleno de restos de fruta en mal estado... Las moscas, cuando vieron en qué se estaba convirtiendo su reino, decidieron por unanimidad, que todos los seres expulsados del Reino de las Moscas d...