Benito Pugnone era un niño con un gran corazón, pero con un enorme problema para controlar la ira. Cuando algo no iba como a él le hubiera gustado, se enfadaba muchísimo y "arreglaba" todo a base de puñetazos. Por ejemplo, si se le acababan las pilas al mando de la tele, ¡PUM!, soltaba un puñetazo. —¡No funciona! —gritaba Benito— ¡Pues habrá que darle otro buen golpe! Si una puerta no se abría, ¡PUM! ¡PUM! intentaba que funcionara a base de puñetazos. Y si perdía un partido jugando al fútbol, si se le rompía un juguete, si alguien le llevaba la contra... Benito, cegado por la rabia, apretaba los dientes y bramaba: —¡Con un puñetazo todo se arregla! —¡Con dos, mucho mejor! De tal manera que el resto de niños, para burlarse de él, empezaron a cantarle: "Benito Pugnone, se enfada un montonazo, si algo no le gusta, ¡PUM!, puñetazo". Lógicamente cuando terminaban de cantarle la canción tenían que salir despavoridos porque si Benito los hubiera atrapado, ya sabéis: ¡P...
El siguiente relato sucedió hace algunos años y está basado en una historia real... Bueno, más o menos real. Ya sabéis que a veces me gusta adornar un poco los recuerdos. "Era el primer día de clase y, como buen maestro que se precie, cogí el listado de mis nuevos alumnos para pasar lista y, al mismo tiempo, conocerlos un poco. Pregunté en voz alta: - ¿Francisco? - Aquí... - respondió mi alumno, levantando la mano y con voz bastante menos alta. - ¿Prefieres Fran? ¿Paco? ¿O tal vez te gusta más Francisco? - Mis amigos me llaman Paco... - Entonces Paco, ¿no? - Sí... - respondió tímido mi alumno. - Espero que algún día podamos llegar a ser amigos, Paco... - le contesté sonriendo." Marcelo Morante 14/VIII/2026