Entre el laberinto de callejones que conducen a puente Sisto desde plaza de Campo de Fiori, todavía se conservan los restos de una antigua villa romana. Afortunadamente no aparece en ninguna guía de viaje y, todavía hoy, permanece escondida a las miradas de los turistas que, ignorantes de su enorme belleza, diariamente pasan por delante de ella sin prestarle la más mínima atención. Agazapada tras los gruesos muros ocres de la fachada se esconde una impresionante fuente abandonada, que, mucho tiempo atrás, fue la envidia de toda Roma. No por casualidad, las familias pertenecientes a la élite más poderosa de la ciudad paseaban a su alrededor brindando a la felicidad y, a la vez, disfrutando de su prodigiosa belleza. Hasta que un día, como casi todo en Roma, fue olvidada y posteriormente, abandonada. La vanidosa fuente, al principio, creyó firmemente que no tardarían demasiado en volver. Que no era posible que la hubiesen dejado a su suerte. Precisamente a ella, la fuentes más...
Una vez conocí al hombre más pobre del mundo. Era tan pobre tan pobre, que solo poseía una mísera semilla de manzana que guardaba como un gran tesoro en el bolsillo de su único pantalón. Era tan pobre tan pobre, que solo tenía a su disposición todo el agua de todos los ríos de todo el mundo. Tan pobre tan pobre, que únicamente disponía de toda la tierra de todos los reinos. Era tan pobre tan pobre, que solo poseía una inmensa paciencia y constancia. Así que, viajó hasta el reino de los melocotones, sembró su semilla de manzana y, tranquilamente, esperó. Marcelo Morante 25/III/2026