El nombre del píloto italiano Adriano Tempesta fue borrado injustamente de todos los libros de historia.
Adriano Tempesta fue un aviador de guerra magnífico, conocido por su valentía y destreza en la batalla. Hasta que un día, cansado de tanta explosión y de tanta destrucción, decidió cargar su avión con bombones en lugar de bombas.
¿Os lo podéis imaginar? Millones y millones de bombones de chocolate, de praliné, de trufa y de caramelo cayendo desde el cielo y decorando con miles de colores diferentes los tejados de las casas.
¡Si hubieráis visto la cara de sorpresa de las personas bombardeadas con bombones!
Es verdad que, al principio, nadie se fiaba de los dulces. Ya sabéis, en tiempos de guerra cualquier artimaña es válida para derrotar al enemigo... Hasta que un pequeño niño, tranquilamente, abrió un bombón de chocolate blanco y se lo comió a mordiscos delante de todos.
¡Menuda fiesta se armó!
El día del bombardeo de los bombones fue un día maravilloso y debería haber pasado a la historia...
Sin embargo, las autoridades italianas no podían dejar que sus enemigos pensaran que eran unos blandos, así que prohibieron volver a hablar del bombardeo de los bombones y el aviador Adriano Tempesta fue expulsado inmediatamente del ejército.
Si hubiera dependido de mí, Adriano Tempesta habría sido condecorado. Pero mi opinión cuenta muy poco y además sólo cuento cuentos... ¡Lástima!
Aun así, si preguntáis en el lugar adecuado por el legendario bombardeo de los bombones, los más viejos del lugar, con un brillo infantil en los ojos, os dirán que ése fue, sin duda, el mejor día de la historia.
Marcelo Morante
30/VIII/2025

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