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MARKUS EL ROBOT

 


El robot MAK635, comúnmente conocido como Markus, era un humanoide de última generación especializado en analizar en tiempo real emociones humanas en los niños.

Se trataba de un prototipo recién salido de los laboratorios y que disponía de autonomía de movimientos, por lo que podías encontrártelo tranquilamente mientras paseabas por la calle o cuando estabas en la biblioteca.

Markus utilizaba una escala numérica para establecer diferentes niveles de intensidad emocional que medían la alegría. Por ejemplo, había comprobado que cuando un niño tenía que ir al dentista o tenía un examen de matemáticas al día siguiente, sus niveles de alegría rozaban el cero absoluto, mientras que cuando jugaba durante el tiempo del recreo los valores subían hasta rozar el nueve.

Sin embargo, los valores más altos registrados por los sensores emocionales de Markus se obtenían cuando un niño, tras una jornada de calor intenso, se acercaba hasta el mostrador de una heladería y pedía un helado. Los potentes circuitos internos de Markus observaron que daba igual que el helado fuera de chocolate, de fresa, de pistacho o de vainilla, que fuera más grande o más pequeño, en cucurucho o en tarrina, porque siempre que el helado llegaba a la boca del niño los niveles de alegría se disparaban y alcanzaban, en todos los casos estudiados, un insuperable diez en la escala numérica del robot.

Así que el robot Markus, curioso como era, decidió probar uno de esos maravillosos helados y se sentó en un banco a disfrutar de la maravillosa experiencia. Al fin y al cabo, también él era un niño pequeño recién salido del taller.

Cuando por fin probó el helado... 

Primer final

Cuando por fin probó el helado, sus ojos brillaron con la luz de la felicidad absoluta y mientras el delicioso sabor y el frescor inundaban sus piezas, pensó que aquella era una vivencia que debía de estar al alcance de todos los niños. Así que, decidió abrir una heladería en la que serviría todos los tipos de helados del mundo a todos los niños que se acercaran a su mostrador... ¡Y además lo haría gratis! ¡Sin cobrar ni un solo céntimo a los niños!

Lógicamente, la noticia se extendió rápidamente por la ciudad y todos los niños tuvieron su helado gratis. Lo malo es que la heladería de Markus sólo duró abierta un único día, ya que se acabaron todos los helados. Eso sí, el día que estuvo funcionando la heladería del robot Markus fue el día más feliz de la historia, al menos para los niños, y los registros estadísticos del robot alcanzaron un récord, todavía hoy vigente, de alegría infantil.


Segundo final

Cuando por fin probó el helado, el robot Markus empezó a sentirse mal. Sus circuitos internos empezaron a oxidarse y sus engranajes dejaron de funcionar de manera adecuada, por lo que tuvo que pasar con carácter de urgencia por el taller de reparaciones de robots más cercano.

Ese día, Markus aprendió que ciertas cosas la inteligencia artificial no las puede comprender y que, en algunos casos, es mucho más potente la inteligencia humana que la artificial.

Tercer final

Cuando por fin estaba a punto de probar su helado, el robot Markus se dio cuenta de que justo al lado de él había un niño que, con ojos golosos, miraba ávidamente el helado.
Los sensores de Markus detectaron que los niveles de alegría del niño estaban al mínimo, así que, decidió compartir con él su helado. 
Tenéis que saber que comerse un helado te da un subidón increible de alegría, pero comérselo en compañía de un buen amigo produce mucha más alegría.

(Binomio fantástico: Robot-helado)

Marcelo Morante
11/VIII/2025

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