Ir al contenido principal

LA GALLINA CUCA EN EL PAÍS DE LOS LOBOS

 



Y caminando caminando, saltando saltando y volando volando, la gallina Cuca, sin darse ni cuenta, llegó al lejano lejanísimo y terrible terribilísimo país de los Lobos.

El país de los Lobos, como indicaba su nombre, estaba habitado por enormes lobos que poseían poderosas garras y gigantescos colmillos. Sus fauces eran tan grandes que, si hubieran querido, podrían haberse tragado de un solo bocado a la pobre gallina Cuca.

Pero, como la gallina Cuca no sabía que había llegado al país de los Lobos, continuaba paseando tranquilamente por mitad del bosque, cuando de repente de detrás de un árbol asomó el morro un enorme lobo que con una voz atronadora le dijo:

- ¡Yo soy el lobo Lupino y de un bocado te tragaré! 

A lo que la pequeña gallina Cuca respondió:

- No me comas, no me comas por favor, lobo Lupino. Soy la gallina Cuca que huye del gallinero donde me tenían presa.

El lobo Lupino, asombrado por la osadía de la gallina Cuca, le respondió:

- Eres muy valerosa gallina Cuca. Admiro tu valentía y tu amor por la libertad. Aun así, yo soy un lobo feroz y debo comerte.

La gallina Cuca temblando de miedo y sacando fuerzas de donde no las tenía le dijo: 

- Lobo Lupino, ¡qué patas tan grandes tienes!

- Son para correr mejor - respondió el lobo.

- Lobo Lupino, ¡qué orejas tan grandes tienes!

- Son para oírte mejor - respondió otra vez el lobo.

- Lobo Lupino, ¡qué ojos tan grandes tienes!

- Son para verte mejor - contestó de nuevo el lobo.

- Lobo Lupino, ¡qué boca tan grande tienes!

- Es para sonreírte mejor - contestó con una enorme sonrisa el lobo.

Porque el lobo Lupino, tenéis que saber que era el único lobo feroz de todo el reino de los Lobos que era vegetariano y ya estaba cansado de hacer creer a todo el mundo que era un terrible lobo asesino cuando a él en realidad le encantaba comer, cuando nadie lo veía, lentejas y ensalada, arroz, verduras y de postre, fruta...

Así que decidió irse con la gallina Cuca a recorrer juntos el mundo.

Al fin y al cabo,  ¿qué posibilidades había de que se encontraran en un mismo reino la única gallina valiente y el único lobo vegetariano del mundo?


Marcelo Morante

1/VI/2025







Comentarios

Entradas populares de este blog

MO EL PINTOR

  Al pequeño Mo siempre le había gustado dibujar. Y dibujaba muy bien. Desde hacía un tiempo Mo pintaba sin descanso, como si no tuviera nada más importante que hacer. Es más, como si pintar fuera lo único que pudiera mantener ocupada su mente. Pintaba sin descanso paisajes hermosos y ciudades plenas de vida con personas sonrientes que jugaban y se abrazaban. Cuando llenó de dibujos la única pared que quedaba de la casa, se sentó a admirar su obra sonriendo por primera vez en muchos días. Contemplaba la esperanza, mientras fuera continuaba la guerra. Marcelo Morante 10/III/2025

INÉS TEMPERINA Y LA GUERRA

Una vez en un dictado, Inés Temperina cambió la palabra “soldado” por la palabra “soleado” y en vez de escribir “guerra” escribió “gorra”. También escribió “balón” en lugar de “bala” y, aunque lo escribió con su correspondiente “b” y con una hermosa tilde en la “o”, el maestro Puntino puntuó su trabajo con un 4 en ortografía y una calificación de “IN” (abreviatura de un cruel Insuficiente).  Y pese a que la niña no entendió el significado de la puntuación “IN” en su dictado, pensó que el maestro Puntino con su INflexible INfalibilidad había sido INcapaz de entender que la pequeña INés Temperina había INtentado mejorar con su INocencia un poquito el mundo.  Sustituyendo muy poquitas letras todo cambiaría y ya no existirían las guerras, ni los soldados, ni las balas, y a cambio todos tendríamos magníficas gorras y disfrutaríamos de espléndidos días soleados en los que todos podríamos jugar al balón en vez de disparar balas. ¡Qué bonito sería tachar con el implacable bolígrafo r...

RODRIGO Y LOS CARACOLES

  A mi amigo Rodrigo le encanta la lluvia.  Es verdad que a Rodrigo también le gusta mucho leer cuentos, entretenerse con juegos de construcciones y comer fruta, pero lo que más le gusta, junto con la lluvia, son los caracoles. Los caracoles y la lluvia. Por ese orden. Cuando llueve, Rodrigo se queda embelesado delante de la ventana de su cuarto observando cómo caen las gotas de agua y, poco a poco, van mojando todo en el exterior. Y cuando para de llover, a Rodrigo le encanta salir a pasear por el campo y disfrutar del olor a tierra recién mojada. Una vez, tras una de esas jornadas de lluvia, me encontré a Rodrigo muy atareado en mitad de un camino. El niño, ensimismado, no paraba de agacharse, recoger algo del suelo y llevarlo hasta la orilla del sendero. Sin entender lo que estaba pasando le pregunté: - ¡Hola! ¿Se puede saber qué es lo que estás haciendo? - Sí, claro... Es muy sencillo: Recojo los caracoles que han salido con la lluvia y los llevo hasta la orilla del camino...