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LA OVEJA NEGRA


Érase una vez un pequeño cordero negro que nació en el seno de una gran familia tradicional de ovejas de rebaño. Desde el principio este cordero dio síntomas de ser diferente a los demás y no sólo por el color de su lana. Era especialmente distraído y le gustaba buscar nuevos senderos. A menudo se entretenía canturreando y era muy habitual encontrarlo ensimismado a vueltas con sus pensamientos.

-          ¿Estará enfermo? - se preguntaba el padre - Este pequeño mío sólo da disgustos. No sé a quién habrá salido…

-          ¡En nuestra familia todos hemos sido orgullosas ovejas de rebaño! - respondía enfadada la madre - Quizá alguien de tu familia…

El resto del rebaño no entendía la actitud del joven cordero negro. ¿No es mucho más sencillo seguir los pasos de las ovejas que van delante tuyo marcándote el sendero? ¿Por qué buscar caminos alternativos que sólo pueden traer problemas y ponerte en peligro?

Pero el joven cordero negro no se dejaba convencer y no cejaba en su empeño. Noche tras noche se escapaba del redil y se sumergía en nuevas y excitantes aventuras alejado de los caminos trazados por sus abuelos, por sus padres, por sus hermanos…

-           ¿Acaso te crees mejor que nosotros? - lo provocaban sus hermanos.

-           Si siempre se ha hecho así por algo será… - sentenciaba de nuevo la madre.

-           Eres la vergüenza de nuestra noble familia de ovejas obedientes - Borbotaba furioso el padre.

Una de las noches el pequeño cordero negro decidió no regresar a la tranquilidad y comodidad de su redil. Pensó que probablemente lo pasaría muy mal pero que valía la pena intentar cosas nuevas.

-          Nunca se sabe, quizá sea mucho más feliz así - se repetía para tranquilizarse porque en el fondo tenía mucho miedo -  Al menos lo habré intentado… Buscar nuevos caminos es muy arriesgado pero también parece mucho más divertido.

Y en ello está. Buscando nuevas aventuras, nuevos caminos. Cuestionándose el modo en que siempre se han hecho las cosas y preguntándose si se podrían haber hecho diversamente. No podía ser de otra manera. Estaba en su naturaleza y contra eso no se puede luchar.

Es consciente del peligro que corría al alejarse del rebaño pero en el fondo también sabía cómo terminan las ovejas que permanecen en el redil.  ¿Por qué no intentarlo?

Y lo mejor es que no está solo, hay más… Estad atentos porque quizás algún día os tropecéis por casualidad con una de estas ovejas negras.

Un consejo: Prestadles atención. Siempre tienen cosas originales que ofrecer a quien sabe escuchar.

 

Marcelo Morante

23/V/2020

 

 

 




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