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LA DESPISTADA INÉS TEMPERINA

 


Inés Temperina era muy despistada.

Tan despistada tan despistada que una vez salió de casa con tanta prisa que cuando llegó al colegio se dio cuenta de que no se había puesto las zapatillas. ¡Y había hecho todo el camino en calcetines!

Inés Temperina era tan tan despistada que otra vez olvidó ponerse la camiseta durante todo un día... ¡Menos mal que era verano!

En otra ocasión había quedado con su amiga Gemma Farfallina a las 5 e Inés Temperina se presentó tan contenta a las 6 y media... 

Y cuando, por caprichos del azar, conseguía recordar la hora en la que habían quedado, entonces olvidaba el lugar de la cita y se presentaba en la puerta de la iglesia cuando en realidad habían quedado en el parque... ¡Menos que la iglesia y el parque estaban  muy cerca!

Y así, un día tras otro, a Inés se le olvidaban mil cosas: un día olvidaba que tenía examen de Inglés, otro día olvidaba adelantar la hora de su reloj y todavía llegaba una hora más tarde, o hacía los deberes de Matemáticas cuando en realidad tenía que entregar una redacción de Lengua Castellana...

Eso sí, una cosa Inés Temperina no olvidaba hacer jamás...

¿Y sabéis qué es lo que nunca nunca olvidaba hacer Inés Temperina?

Sonreír.

Siempre siempre sonreía.

Y eso es lo más importante.


Marcelo Morante

16/V/2026

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