Entre el laberinto de callejones que conducen a puente Sisto desde plaza de Campo de Fiori, todavía se conservan los restos de una antigua villa romana.
Afortunadamente no aparece en ninguna guía de viaje y, todavía hoy, permanece escondida a las miradas de los turistas que, ignorantes de su enorme belleza, diariamente pasan por delante de ella sin prestarle la más mínima atención.
Agazapada tras los gruesos muros ocres de la fachada se esconde una impresionante fuente abandonada, que, mucho tiempo atrás, fue la envidia de toda Roma. No por casualidad, las familias pertenecientes a la élite más poderosa de la ciudad paseaban a su alrededor brindando a la felicidad y, a la vez, disfrutando de su prodigiosa belleza.
Hasta que un día, como casi todo en Roma, fue olvidada y posteriormente, abandonada.
La vanidosa fuente, al principio, creyó firmemente que no tardarían demasiado en volver. Que no era posible que la hubiesen dejado a su suerte. Precisamente a ella, la fuentes más hermosa de Roma...
Sin embargo, poco a poco, la suciedad y la maleza se fueron apoderando del patio y de la fuente y, lenta pero inevitablemente, todo se cubrió de polvo y telarañas.
Hasta que un día dejó de funcionar.
Durante siglos la fuente permaneció en silencio, sumida en un doloroso letargo, hasta que, por sorpresa y sin previo aviso, una noche brotó de sus entrañas una diminuta gota de agua.
La primera gota fue, sin duda, la más difícil y dolorosa: Viajando desde las profundidades de su ser, la pequeña lágrima consiguió llegar al exterior tras siglos de sequía.
Nadie asistió al milagro, pero al día siguiente, dicen que brotaron más lágrimas.
Y al siguiente más.
Y al siguiente más.
Y más lágrimas.
Hasta que un día, en una explosión liberatoria, la fuente recuperó de golpe toda su belleza y su alegría.
Todavía nadie la ha visto desde que recuperó su esplendor, pero si buscas con mucho cuidado y prestas mucha atención, puedes ser el primero en descubrir su milagrosa recuperación.
No es fácil: Como ya te dije, está muy escondida y con el tiempo, se volvió tímida.
Además, en Roma hay tanta tanta belleza que, a veces sin querer, te acostumbras y dejas pasar, sin darte ni cuenta, lo más importante...
Marcelo Morante
13/IV/2026

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