Una vez conocí al hombre más pobre del mundo.
Era tan pobre tan pobre, que solo poseía una mísera semilla de manzana que guardaba como un gran tesoro en el bolsillo de su único pantalón.
Era tan pobre tan pobre, que solo tenía a su disposición todo el agua de todos los ríos de todo el mundo.
Tan pobre tan pobre, que únicamente disponía de toda la tierra de todos los reinos.
Era tan pobre tan pobre, que solo poseía una inmensa paciencia y constancia.
Así que, viajó hasta el reino de los melocotones, sembró su semilla de manzana y, tranquilamente, esperó.
Marcelo Morante
25/III/2026

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