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ÉRASE UNA VEZ...


Érase una vez un niño que, entretenido con su guitarra de juguete, soñaba con ser músico de mayor. Con su instrumento, pensaba, proporcionaría alegría a los demás.

Érase otra vez una niña que, jugando con su pizarra y sus muñecos, soñaba con convertirse en maestra. Una maestra paciente y cariñosa con sus alumnos, como deben de ser las maestras. Y los maestros.

Érase otra vez otro niño que, entretenido con su cocinita y sus ollas de juguete, soñaba con llegar a ser un gran cocinero cuando fuera mayor. Un cocinero de esos famosos que salían en la tele y poseían estrellas Michelin o quizás un cocinero especialista en spaghetti alla salsa bolognese de lata. Todavía no lo tenía decidido.

Érase otra vez otra niña que cuando leía sus libros soñaba con convertirse de mayor en una gran exploradora o una maga poderosa o una bailarina de gran talento, dependiendo del libro y del humor del día.

Érase otra vez otro niño que jugaba ensimismado con pistolas de juguete. Y no soñaba con ser músico, ni maestro, ni cocinero, ni explorador, ni mago. Ni por supuesto bailarín.

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Marcelo Morante

3/VIII/2020


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